Territorio
de transición entre los dominios de la alta
montaña y los relieves más suaves de
la Marina, al que se conoce por encerrar uno de los
valores naturales más sobresalientes del norte
peninsular, el desfiladero de La Hermida, que Iimita
Andara y constituye la vía natural de acceso
a Liébana. En el fondo de la garganta discurre
el Deva, ciñéndose a las fuertes vertientes,
cuando no paredes, que presentan profundos cortados
(los de Urdón, Naveo y Cicera), canales de
avalancha y canchales apenas colonizados por una vegetación
de roquedo, encinas y hayas, que llegan a la misma
orilla, allí donde el juego del agua y la exuberancia
creada por tilos, robles y fresnos destacan sobre
la caliza.
No obstante, pronto aparece, al abrigo de las peñas,
el pequeño valle de La Hermida: el pueblo,
el terrazgo sobre bancales desde donde ascendemos
hacia Santa Catalina para ver su bosque u otros como
los de Argüenzo, Arteo, el rebollar de Piñeres,
siempre entre prados y roquedo, las castañeras
cercanas a las poblaciones o el arbolado de la agüera
del río Cicera. El valle nos ofrece, además,
excelentes manantiales termales y la riqueza piscícola
del Deva. |