En Mazcuerras y su entorno se han localizado diversos
yacimientos que evidencian la presencia humana en
la zona durante el Paleolítico Superior.
Destacan los yacimientos como los de la cueva La
Clotilde o Peña Caranceja, en el vecino Reocín;
Cabrojo, en Cabezón de la Sal; o el material
lítico recuperado en Ibio, en el mismo Mazcuerras.
En época romana, el río Saja determinó
el trazado de una de las rutas alternativas a la
vía del Besaya (Iuliobriga-Portus Blendium)
entre la Meseta y la costa Cantábrica. De
hecho, la riqueza del subsuelo del vecino municipio
de Reocín fue objeto de explotación
por los romanos.
Los primeros documentos referidos a Mazcuerras datan
de 1184 y se refieren a los monasterios de San Martín
y San Julián.
Sobre este valle orbitan dos poderes: unos religioso,
encarnado por la abadía de Santa Juliana
en Santillana del Mar y uno laico, que ejercían
la Casa de Castañeda y la Corona.